Unitaris de Catalunya

10 cosas que me gustaría
que la gente supiera sobre los unitarios


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10 cosas que me gustaría que la gente supiera sobre los unitarios

Jaume de Marcos

Hace unas semanas, el blog “OnFaith” solicitó al Rvdo. Galen Guengerich, ministro de la iglesia unitaria “All Souls” de Nueva York, que escribiera cuáles eran, según su criterio, las 10 cosas que le gustaría que la gente en general supiera sobre los unitarios universalistas.

El ministro escribió su lista personal, que rápidamente corrió por las redes sociales. Naturalmente, como es habitual entre los unitarios universalistas, aparecieron voces que discrepaban de la selección de temas y énfasis que el autor había incluido en su lista, y algunos empezaron a escribir sus propias listas. Así se ha generado un pequeño debate que sirve, una vez más, para definir cuáles son los aspectos esenciales de nuestra fe, aquellos que queremos promover y por los que queremos ser conocidos.

Este deseo de enumerar esos 10 puntos esenciales que querríamos que todos supieran sobre nosotros también sirve para otra finalidad: la de dejar de identificarnos como la fe que “no” cree en esto, que “no” acepta tal o cual dogma, que “no” tiene una respuesta, si no unánime, al menos mayoritaria y coherente sobre esta o aquella cuestión esencial de la existencia humana. Los unitarios caemos a menudo en esa trampa cuando intentamos dar respuesta a las preguntas tradicionales de la religión en Occidente: “¿Crees en Dios?”, “¿Crees en Jesucristo?”, “¿Crees en la resurrección?”, “¿Crees en la inmortalidad del alma, en el Cielo y en el Infierno?” etc. Aquí es donde empezamos a decir nuestras típicas respuestas: “no todos pensamos igual” o “depende”. Así tenemos dificultades para articular un mensaje sólido y positivo que interese a muchas personas que buscan una alternativa a las religiones establecidas.

He pensado que podríamos proponer nuestra propia lista de 10 cosas que queremos que la gente sepa sobre los unitarios. Voy a exponeros mi propia lista particular, pero os animo a que elaboréis vuestra propia lista en casa. Hoy, que celebramos la Comunión de las Flores, no vamos a tener espacio para debatir esta cuestión, por lo que trasladaremos esta conversación a nuestra página de Facebook y quizá podríamos incluir nuestras conclusiones, o nuestras listas respectivas, también en nuestra web.

Así pues, esta es mi lista personal de las “10 cosas que me gustaría que la gente supiera sobre los unitarios”:

  1. El unitarismo es una opción religiosa. No somos una mera filosofía, o un talante, o un grupo de individualistas que se encuentran para debatir las cuestiones espirituales, sino una comunidad de fe activa y basada en principios compartidos. La ceremonia de las flores que celebraremos a continuación es una buena prueba de ello: constituimos una tradición propia que, sin renegar de sus raíces históricas, se sigue construyendo y reimaginando constantemente.
  2. Nuestros orígenes históricos están en la península Ibérica. Ni la iglesia de Transilvania, ni la polaca, ni mucho menos las congregaciones inglesas o norteamericanas habrían existido, si un aragonés herético llamado Miguel Servet no hubiera cuestionado, ya desde los 20 años, los dogmas fundamentales de la iglesia occidental. Su actitud fue la nuestra: desde el respeto a la tradición, ir al núcleo de la experiencia religiosa, contrastarla con la realidad y con la propia razón y conciencia, y debatir y desafiar todos los dogmas y doctrinas, por sagrados que puedan parecer, con el fin de acercarse a la verdad. Eso fue lo que él hizo y por lo que fue perseguido y condenado a muerte, siendo ejemplo y motivo de admiración para muchos. También en nuestras tierras hubo después grandes figuras que se identificaron con el Unitarismo, como el escritor José María Blanco-White o los pedagogos que promovieron la creación de la Institución Libre de Enseñanza. De todos ellos tenemos motivos hoy para sentirnos orgullosos.
  3. Nuestra fe se basa en nuestra experiencia personal. Prestamos atención y nos sentimos inspirados por la sabiduría de las grandes tradiciones espirituales del mundo, sin sentirnos atados a sus dogmas y estructuras jerárquicas. Prestamos atención y nos sentimos inspirados por el ejercicio de la razón y los descubrimientos de la ciencia, sin sentirnos atados a conclusiones que, por su propia naturaleza, siempre son incompletas y provisionales. Por ello es nuestra conciencia, forjada en la experiencia personal y en el contraste que nos aporta la experiencia de otros en nuestra comunidad, lo que es decisivo para moldear nuestra visión del mundo y el sentido que damos a nuestra existencia.
  4. Nuestra libertad personal se completa y adquiere sentido en comunidad. No somos solipsistas, creyendo que nuestra realidad personal es la única que existe, o la única que realmente importa. Nos sabemos parte de una comunidad mayor, en la que participamos de forma igualitaria, para aprender de otros puntos de vista, para colaborar en causas justas, para integrarnos en una red de personas y pueblos comprometidos en el esfuerzo de dignificar las vidas de todas las personas y de todos los seres que habitan en nuestro mundo. Sabemos que una sola persona puede cambiar pocas cosas, pero cuando somos muchos, a veces somos imparables.
  5. Nos basamos en la igualdad al tiempo que celebramos la diversidad. No somos iguales por ser todos del mismo tipo o marcados por el mismo patrón social o por las mismas creencias, sino porque todos y todas tenemos la posibilidad de ejercer todos los roles, de actuar en todos los ámbitos, de acceder a todos los espacios. Y no importa la raza, ni el género, ni la posición social, ni la orientación sexual: todos y todas participamos activamente allí donde podemos ayudar mejor a los demás y la única limitación es la que cada uno de nosotros quiera ponerse a sí mismo.
  6. Creemos en la vida antes de la muerte. Nuestra fe es una fe de vivos, de personas vivas, de seres vivos, de un planeta y un universo vivos. Celebramos y veneramos la vida y luchamos contra las fuerzas que promueven la destrucción y la muerte no debida a causas naturales.
  7. Somos una fe optimista. Pensamos que las fuerzas de la vida, de la creación y de la renovación son más intensas que los instintos destructores, negativos y derrotistas. Pero también sabemos que las mejoras no vienen siempre por sí solas: es muy importante actuar, favorecer los cambios para mejorar las condiciones de vida, trabajar por los valores de la justicia y la paz cuando estas no se manifiestan.
  8. La nuestra es una religión basada en el amor. Es un amor gratuito, que no espera recompensa, sino entregado libremente y sin condiciones. Celebramos el amor en todas sus manifestaciones, sin temer a ninguna de ellas, y lo defendemos frente a ideologías que, diciendo defender el amor, en realidad promueven el odio y la segregación.
  9. Nuestra religión evoluciona. Va cambiando en diferentes culturas, diferentes épocas, diferentes necesidades del espíritu humano. A veces se manifiesta en oposición a dogmas e imposiciones religiosas. A veces es una respuesta a situaciones de crisis, o a la falta de valores positivos en la sociedad. A veces es caótica, con múltiples manifestaciones que no aparentan tener nada en común. Consideramos que el cambio es bueno, porque es renovador y creativo, y que de los cambios y las transformaciones aparecen nuevas respuestas, algunas de las cuales ni siquiera habíamos imaginado. De los cambios aparecen nuevas síntesis, nuevas manifestaciones del espíritu.
  10. Amamos tanto la vida, que honramos también su final. Creemos en la muerte digna, vivida y sentida como la culminación de una vida que ha tenido sentido y ha dado muchos frutos. Y que todo final marca un nuevo principio, en aquello que dejamos atrás y en el legado que entregamos a los que nos continuará

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